Mi vida


 Estábamos en el sofá, recostados, mirándonos fijamente, sin saber que decir, yo esperaba que él actuara primero, pero parecía bastante nervioso, creo que incluso tenía un pequeño tic en los ojos, y claro, eso se notaba aunque estuviéramos tan separados. Entonces decidió acercarse, con dolorosa lentitud, incluso se enganchó con algún que otro hilo suelto de la cubierta. Al final nos quedamos casi rozándonos, la excitación era extrema, como un zumbido permanente, perdimos la noción del tiempo, estábamos ensimismados, y eso fue un error. Todo comenzó con una fuerza  invisible que nos despegó del sillón, un viento intenso, un tornado minúsculo pero poderoso que nos hizo dar vueltas en el aire como si fuéramos hojas secas, finalmente acabé contra la pared contigua al sillón. Él acabó en el suelo y desde allí pudo advertir que el gigante se dirigía con decisión hacia el lugar donde yo permanecía aturdida, y mientras el coloso preparaba su letal brazo para rematarme mi amigo de un salto prodigioso y fulminante llegó hasta mí, me rodeo totalmente durante un pequeño instante mientras girábamos en un último baile maldito y con un extraordinario empujón me lanzo contra la rejilla de la chimenea por la que pude escapar mientras veía como mi amor era aplastado por el arma infernal del gigante. Nunca olvidaré los gritos del coloso mientras mataba a mi amado: “malditas moscas!”

 

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