Mis tumbas


Habito un campo de miseria, repleto de lánguidos defectos que oculto a tus ojos. Déjame un instante más en este infierno para no emponzoñarte, debo seguir buscando el perdón de alguien que yace en lejana tumba; no me bastan contriciones para aplacar este dolor, pero al menos préstame tus alas de dulce ave para cuando quiera volver junto a ti. Mientras, sueño que troto a través de un quimérico bosque de versos y leñas, habitando la noche encamada. Soy el arcaico coyote hijo del cobre y la turba, aullando a esa luna que sirve de almohada a sus devociones. Contemplo tumbas de poetas deslumbrado por el brillo de sus mármoles, y marco mi territorio entre sus lápidas. Ahora rastreo y cazo, rapto y devoro musas olvidadas, y regreso para dormitar en esta joven cueva que eres tú: déjame, déjame descansar en tu cuerpo.

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