Fueron tus palabras


Fueron al principio tus palabras, labradas con el arado de la desolación, las primeras sangres que conocí provenientes de tu corazón doliente. Ellas fueron el atractivo imán de mis hierros oxidados, acercándome junto a un cuerpo todavía sin nombre. Entonces llegó el amanecer de tu continente, llenando el nuevo cielo de miríadas de pájaros que con cada aleteo daban vida a tu sombra, cubriendo la roca con ríos inmóviles esperando la huella de tus pies descalzos, lanzando tu aroma a nostalgia en cada uno de los vientos que me azotan; y así me soñé conquistador de tu luz y tus tormentas, entre tu lluvia y tus lamentos. Y fue tu cuerpo de ángel el que acabó fulminante con mis quimeras, con tu mirada cubriste de madera mis profecías ahogándolas de caoba y raíces. Y fueron al principio tus palabras pero ya solo me queda caer, caer ante tu cuerpo al fin nombrado, ante tu boca jovial que hinca mis rodillas en la tierra germinada de sonrisas. Y con mi mirada enterrada entre tus pies te rezo para que me permitas al menos nombrarte, y conocerte, sólo conocerte…

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