La voz… en mis dedos


Amor, demuestra tu indulgencia hacia mis palabras pues ellas no son culpables, bastante tienen con sufrir mi torpeza. Con el asfalto de mis exaltaciones construí todas las carreteras para que viajaran por el mapa de mi cuerpo, transformé desiertos de letras en estrofas de ladrillo y reemplacé la tosquedad de su piedra por el alma de mi carne. Pero se embrollan mis palabras en la encrucijada situada en mi garganta y en busca de una voz les invento un desvío más sincero, se dirigen por el sendero de mis brazos hacia esas montañas cimbreantes en cuya cima de uñas hallarán su tinta y su destino.

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