Odio (II)


Sí, odio algunas cosas, odio ese rimel tuyo con el que enmascaras tu mirada, el mismo que te ejercitó para tragarte tu lloros, el que endureció tu rostro para no reflejar tus tormentas, odio ese que en última instancia colorea tus lágrimas transformándolas en simples láminas de Rorschach que destilan tu interior. ¿Pero sabes, en verdad, lo peor de tu rimel? Que cuando te aprovechas de sus favores estás tan guapa…

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