Sueño (I)


Se estremeció la hierba verde bajo la sangre vertida por los druidas aquella noche cuya luna llena sería yema de la primavera y de las nuevas siembras. Ofrecido el sacrificio a la tierra agotada logró resucitar la semilla, y meses después pudieron recoger una cosecha alumbrada ante el escrutinio de los recelosos. Todos los agricultores suspiraron agradecidos pero atrás quedó un padre que, entre lágrimas, llamaba hija a cada fruto y grano recogido.

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