Harina y sudor


Cuando tu aroma me dijo que eras de trigo

sólo pensé en ser tu panadero

y cada vez que mis manos desean amasarte

empezarían siempre por tus pechos

despojándolos primero de su corteza de tela,

vertiendo sudor en cada uno de ellos,

metiéndolos a fuego lento en ese horno que es

el corto espacio entre nuestros cuerpos

y contemplar al fin como va naciendo el pan

para una vez preparado poder morderlo:

unos asegurarán que te aman tal vez demasiado,

yo sólo deseo ser tu panadero.

 

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