Carne fresca


El vehículo se desplazaba con una velocidad de 300 m/s, a esa velocidad los grandes miradores que poblaban los laterales del conducto apenas parecían pequeñas ventanas, por ellas de divisaba, en una sucesión de fotogramas, la gran ciudad de Mangull, tal vez la más avanzada del plantea en cuanto a recursos alimentarios. La pequeña barca se detuvo con una grácil maniobra del piloto automático justo a la hora señalada en el itinerario que sus pasajeros habían programado. La puerta lateral se abrió en absoluto silencio mientras se iluminaba la zona de desembarco.

— Baja con cuidado Pol— avisó Or-Pol mientras accedía al embarcadero con un pequeño salto.

—Siempre llevo cuidado hijo— su voz era tranquila y pausada— hoy es un gran día y no tengo prisa alguna.

Los dos llegaron a la puerta principal en pocos minutos, aunque podían llevar sus propios microvehículos personales casi siempre acababan por realizar el trayecto por sus propios medios. Or-Pol acercó el ojo al sensor que surgió de la propia puerta mientras anunciaba una segunda clave.

— ¿No tienes un celador? Tanta tecnología me parece algo frío para los futuros clientes.

— Padre, mis clientes sólo quieren carne fresca, que cumpla todas las normativas sobre alimentos, en particular la Q15 que establece el buen trato del animal antes de su muerte, y la Q23 que me obliga a otorgarle una muerte indolora. Todo lo demás se realiza de forma automática— concluyó con un orgullo palpable en cada una de las palabras.

Avanzaron por un pasillo oscurecido artificialmente, se acercaron a la primera claraboya y al acercarse a unos treinta centímetros se abrió la persiana metalizada.

— Sensores de proximidad, todo está dirigido por un ordenador óptico de tercera generación, muy eficaz y barato. Este departamento….

— Estos animales son todos iguales— interrumpió Pol—, todos del mismo sexo. Supongo que tendrán mejor sabor aunque son algo repulsivos a la vista.

— Son hembras…no sabemos el porqué pero es más eficaz tenerlas separadas de lo machos, parecen ser muy tímidas— miró por la pequeña ventana pensativo—, lo machos son territoriales y más si están con hembras. En el nivel inferior tenemos sesenta salas reproductivas donde los juntamos unas dos veces al año en las temporadas de apareamiento, cópulas individuales. Aún así en la comida de los machos filtramos relajantes… no perjudica el sabor final— sentenció mientras giraba ciento ochenta grados en una especie de baile cogiendo a su padre y viendo como se abría lentamente una gran persiana oculta hasta el momento.

— Uno de nuestros problemas es la baja tasa de nacimientos, hablamos de una media de una cría por año y por cada hembra. Ya lo tenemos casi solucionado. Esta es la gran sala de extracción, el centro de mi fábrica, todo automatizado.

A través del cristal todo parecía más lejano, todo un gigantesco pasillo cubierto en cada milímetro por reluciente maquinaria exceptuando la parte correspondiente al suelo que consistía en una especie de balsa donde caían toda clase de sobrantes. Todos los autómatas estaban funcionando a gran velocidad.

Todo el cuerpo de Or-Pol irradiaba una luz de seguridad y satisfacción al mismo tiempo, era su gran inversión, su apuesta ganadora: con una clientela impaciente, después de años de estudio para criar en cautividad estos animales y descubrir su excelencia como alimento, después de la aplicación de la última tecnología para prescindir de mano de obra, todo impoluto, todo cumpliendo los cánones que exigía la ley de sanidad, todo maravilloso.

Los animales provenientes de la sala adyacente ya llegaban muertos, la cadena de extracción funcionaba con metálica e inmutable  perfección; primero insertando unos grandes tubos encargados de extraer hasta el último mililitro de sangre, después aplicaba una cámara de rayos UVB para destruir el cuero y en los últimos metros una pared de cuchillas corta en canal y despieza los restos seleccionando el despiece a diferentes estancias para seguir con otros tratamientos.

— La cabeza del macho tiene un tratamiento especial, es un manjar apreciado y… caro, de ahí proviene el Corli.

Su padre cambio la expresión de repulsa por otra de placer, ya había probado esa bebida: energía, erotismo y  delicia en un mismo licor.

— ¿Quieres ver los machos?

— Estoy impaciente.

Tardaron unos minutos en llegar a la zona protegida, más puertas de seguridad y un conducto de limpieza superficial hasta llegar al gran balcón. La persiana automática fue abriéndose mientras padre e hijo se acercaron expectantes a la amplia cristalera.

— Es la estancia más grande porque ya te comenté que son muy territoriales, necesitan esos habitáculos para recrear su entorno. Son agresivos y por ello le suministramos Querilon-27 con la comida, sobre todo en la época de apareamiento porque no queremos que dañen a las hembras jóvenes. Nuestro gran descubrimiento fue precisamente esa temporada. Matamos al macho instantes después de la cópula para que el Corli sea aún más delicioso.

Pol se quedó inmóvil mientras su rostro se contraía en una mueca retorcida que le daba un aspecto translúcido, despacio fue retrocediendo.

— Son repugnantes, todo ese pelo, esos ojos pequeños, esas extremidades tan finas… cierra la ventana por favor. Sólo dos patas para desplazarse. ¿De qué sistema trajiste esta abominación?

— Sistema V-3, sabes que llevábamos miles de años estudiándolo esperando que fueran útiles para algo.

— Cuesta creer que tengan tecnología… o incluso esa pequeña inteligencia, los miro y me parece imposible— concluyó en tono severo mientras terminaba de cerrarse la enorme persiana.

El paseo hasta el embarcadero fue silencioso, ambos estaban contentos con el proyecto. Iban deslizándose con calculada lentitud, su cerebro creaba una fuerza para levitar unos milímetros sobre el suelo por eso no les gustan los microvehículos, preferían usar su mente y así potenciarla aún más.

— Padre, son del sistema de los ocho planetas, no lo olvides. Incluso tenían naves para viajar por su galaxia. En su lengua se hacen llamar Humanidad y antes constituían un peligro, iban a aniquilarse pero nosotros los hemos domesticado y les sacamos provecho, un provecho que decidió toda la Confederación de Galaxias. Pero yo he transformado ese provecho en un manjar para grandes paladares y en carne fresca.

Ewal Carrión Díaz

01 de marzo de 2010

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