Romance lunático (II)


La forma en que llenamos el vacío se parece a la noche,

aún sin parecer tangibles lo ocupamos todo:

rostros, miradas, bocas, manos, almas, cuerpos.

Somos lo físico, no nos engañemos, queda tiempo

para entrever lo etéreo, sin prisas, sin pensar,

llenándolo todo.

La forma en que llenamos la noche no está vacía

de formas, de lecturas, de escritos, de nosotros:

leyendo la curvatura de la espalda que me interroga,

admirando como se sueñan estas paredes opuestas,

mirando la luz de la noche, siempre Luna llena,

siempre Luna.

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