Sin alma.


Dime bella, acaso no perpetúas tu hermosura con la ausencia de llantos y risas.

Más que un rostro has tallado una máscara de diamante,

deslumbras pero sólo ante la luz de mi mirada.

Ahora mírame tú, admira las arrugas de mi risa,

contempla las secuelas de mis aflicciones:

los sentimientos que ajan mis facciones reverdecen mi alma.

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