Palabra escrita (VIII)


No llegó sólo.

Me trajiste dolor con tu sonrisa sonora,

dolor que recorre mi cuerpo petrificado

inventando grietas anchas como gritos.

piedra-corazon

Me trajiste un día de esperanza

por cada uno de tus claros cabellos,

claro como esas noches de luna,

como este tiempo que escapa despacio.

Me entregaste deseos en apariencia huecos,

vacíos de tu irisada vida:

llenos de esa nada que me vuelve loco.

Me regalaste la infinita espera,

la muerte del reloj, resurrección

de la indiferencia tratada con respeto.

 

 

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