Bloguesía (XII)


Himno susurrado.

 

Antes no era como me ves, yo era tan distinto, antes

era un océano de arena, una marea de alambres,

un viento de negra piedra, una montaña de enjambres

coronada por armaduras que usaba como baluartes

duros de mis entrañas, nadie los traspasaba. Nadie.

 

Permanecí entre la turba, enterrado de raíces y cristales,

nutriéndome sólo de palabras, de oscuros minerales

que fueron la materia prima de mi poesía quemante

nacida de pasiones, ardiendo entre labios y volcanes,

derramando angustias entre cada latido de mi carne.

Ay, pero teñiste mi horizonte, y de trueno me llegaste

demoliendo impávida cada piedra, cada herida, salvaje

de uñas verdes, sincera de tu voz, de caricias palpitante.

 

Latidos rugen en mi pecho, en esta maquina de respirarte

por las branquias de mi verso, sólido de tiempo que lame

la luz ahogada en tu cuerpo, en este deseo que renace.

Mira dulce mis manos, contempla mis manos brillantes,

brillantes como tus fieras pupilas, pulidas de acariciarte

con cada parpadeo que eclipsa tu mirada de diamante.

 

Y aquí estoy, los ojos fijos en ti, tan sólo mirándote.

Aquí me tienes hambriento de ti, soy tan sólo hambre.

Aquí me quedo sangrando por ti, y no es solo sangre.

Aquí te beso mientras aprendo a amarte y amarte…

                                                                                                               y amarte.

 

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