Bloguesía (XIII)


CURÁNDONOS.

Ahora que se van las aves luminosas a cubrirse de nidos,

cuando llegan los pellizcos del incansable chelo negro,

ahora que montañas y bosques se arropan bajo la sábana gris,

cuando toda esta penetrante tierra se vuelve hacia dentro

es cuando enciendo estos pequeños fuegos palpitantes

que engendran este oscuro yo, sin alma ni rostro, inquieto.

Pero acércate y deja de contemplar mi sombra insulsa

pues no te dice nada, ni es la que añora tu dulce regreso

a esta ladera donde planto mi sentimiento y mi palabra.

Ven para acariciar este amor espesado, de espera, denso,

ven para saber nuestros dolores, vamos con el antiséptico

del beso a curarnos dulcemente de los zarpazos del anhelo.

Y sofoquemos de una vez por todas estas jadeantes velas

porque al fin me ilumina el incendio incitado por tu cuerpo.

 

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