Bloguesía (XVI)


 

Yo llegué al mundo para contarme,

para ser conquistador de la palabra,

vine a desclavarme terco, uno a uno,

cada latido y cada sangre y cada fibra,

recorrí la ondulante vereda, la senda perenne,

la que está repleta de huellas de mis manos.

Y anduve hasta rozarte, hasta disfrutar

cómo nacías bajo la yema de mis dedos,

en el extremo de cada una de mis caricias,

cómo te creabas a partir de mis labios

desde la húmeda aurora de cada beso,

cómo desde el trampolín de mi lengua

saltaste como polen de mariposa

hacia mi vida, hacia mis entrañas.

 

Así fuiste desde la carne arcillosa,

completa mujer,

aún sin nombre te llamé,

con tierra y nombre te fundamenté,

y me ascendió tu mirada hasta

amanecerme, y verte, y saberte, y amarte.

 

Después todo fue río, todo fue

ancha desembocadura, fluyendo,

leíste mi palabra y te espumó de

verdes, pétalos, deseos, y demás aves,

trepó por el muro azul para ser nube,

para desnudarte y tatuarte de versos,

para lloverte de verbos y pronombres.

Y al fin hirvió tu sangre, te definiste

para envolverme y mi lágrima cayó

diluyéndose en tu cuerpo vaporoso,

y así fuimos, así nos completamos,

así nos redescubrimos sin tregua,

así nos abandonamos a este amor

que calla y otorga, que es amanecer

interminable, y que hasta nos sobrevivirá.

 

Alejandra Veruschka

Alejandra Veruschka

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