Bloguesía (XVII)


Perlado.

Mírame, hoy llevo un traje de sangre. Cubre las eternas heridas que nadie puede ver, heridas de tus golpes, heridas como bocas, arañazos de tu mirada, mazazos que me deja tu ausencia. Y así voy manchando de rojo estas flores que dejaste a tu paso, transformo las dudas de tu margarita en rosas y nadie dice nada, todos sonríen sin saber el motivo, no ven mi sangría de palabras, este verso escarlata que me abandona y me mata. Al final caigo enredado de heridas, se agrieta esta costra sangrante por la que surgen a borbotones mis últimos deseos. Y, mientras te acercas con un beso esperándome en tus labios, compruebo que el deseo cura tantas heridas. Igual que sucede en los moluscos, conseguí que el dolor precipitara como aguacero de invierno y al principio mi corazón inflamado evaporó todo dejando un sedimento brillante, tal vez me hipnotizó. Necesitaba más y continuó lloviendo, con cada amor, con cada desaliento nuevos y brillantes lodos enfriaron mi enrojecido motor, y llegó el granizo de la indiferencia dejando su deslumbrante yelmo, con él me protejo igual que los moluscos Pero llegaste tú acariciando el falso diamante que habita mi pecho y por eso me agarrota el espanto de no saber si aquí debajo hay un corazón latente; qué hacer ante esta duda, frente a este impertérrito dolor, qué hacer salvo amarte…

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