Bloguesía (XVIII)


Atropellarte.

 

El choque fue inevitable,

estaba escrito en pieles y uñas, augurado por sudores y pupilas;

me embriagué de pasiones y afectos, de párpados y aromas,

y mientras se mantuvieron paralelas nuestras duras exaltaciones

solo fuimos conscientes de delicias y de sabores,

pero mi corazón fue tu volante para destrenzar mi sentimiento,

y volteaste mi carne para orientarla hacia tu fundamento

y entonces mi cuerpo no pudo evitarlo:

te atropellé con ansia y dulzura lejanas,

y anhelé arar tu cuerpo con mis manos y voluntades

para cultivarte como a la tierra, profunda e hirviente.

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