Géminis.


Situado en el descascarillado tejado de la iglesia abandonada, se encontraba el único charco en toda la región; sobre su viscosa superficie una luna trémula, transformada en pétalo de rosa o en astilla de rubí, se interponía entre los rostros de dos jóvenes y con cada gota todo volvía a temblar. Junto al charco, despojadas por última vez de sus dueños, reposaba un revoltijo de trapos y pieles, donde destacaba calzados y zamarros abrazados a un sayo y un corpiño. De pronto ambos alzaron sus semblantes, cada vez más pálidos, para contemplar en silencio la formación de géminis, colgando nítida del cielo carbónico; ambos deseaban palpar aquel eco de sus vidas y, sin embargo, su cercanía era tan quimérica como el flamante amor transpirado por sus poros, brillando sobre su piel como una constelación de deseo. Él, más realista y sereno, pensaba que pronto alcanzarían aquellas estrellas; ella, utópica y exaltada, sonreía al sentir como la abandonaban las fuerzas, sabiendo ya que nadie más les haría daño. Se enredaron de manos y labios, dejaron sobre su piel una estela de huellas, un escrito que hablaba sin constar de palabras. Antes de caer desmayados, los hermanos se encadenaron con los eslabones de sus dedos y se lanzaron sobre el antiguo patio de piedra, atrás dejaron el reflejo granate de una pequeña luna que al fin dejó de titilar.

realm of enterwining desires by voidarceus

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