Bloguesía (XXVII)


Ilaciones.

Cuando tú lloras, todos los árboles se disfrazan de margaritas tatuándose de asentimientos y negaciones, se acicalan de pólenes y lanzan sus hojas para que tus lágrimas no se mancillen de embarrada palabrería, el sol se escurre por tus pómulos arrullándote con sus hebras cálidas de limón y, mientras, la toalla de mi aliento te seca dócil de ternura. Y ese vaciarte es el que logra que me mires efervescente; se estremece mi alma al amartillarme tu pupila con púas de querencia y eternidad, clavándonos de implacables emociones.

 Cuando tú duermes vuelven las flores a sus efímeros mausoleos de ceniza y evocaciones, queda la tierra sombría al no quitarse el jubón ocre del otoño; durante la noche se desploma un rocío enlutado de la vida que le entregas con esa mirada enjaulada entre párpados, embarrotada de pestañas; el aire se vuelve denso con el encarnizado frío de tu latido pausado.

 Cuando tú ríes, ay, cuando ríes, es cuando llega la apetecida estación de caricias, el tiempo para cosechar ese cereal que me nutre de tus palabras, es cuando emigran todos los pájaros hacia tu boca sabiendo que les espera un alimento de besos y pan blanco, un humedal repleto de flores que brotan a cada suspiro y que visten tu sonrisa con un arcoíris de pétalos y plumas, tu felicidad y mi deseo.

ANGEL_MUJER_DORMIDA[1]

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