Bloguesía (XXVIII)


Lisonja del jardinero.

¿No sientes en jadeantes bocanadas,

con su movimiento de jazminero

florido de huellas, cómo te invaden

mis manos agrícolas?

Vengo

a sentir la turgencia de tu cordillera

bajo mi mano,

al desparramarme sobre tu piel

voy acostumbrándome

a ese aroma tuyo de tierra sembrada;

consigo escalar los carnosos tallos

que cimbrean tu cuerpo

hasta llegar a esa flor abierta

que me regala su íntimo rocío.

Vengo

para ser jardinero de tu cuerpo,

para regar a goterones con uñas

la necesidad de tus pies y cerrar

los párpados a tu lado

palpando a mi sombra

asediar tu cadera.

Deseo

llegarte y hundirme;

dejar más abajo de los ataúdes,

más abajo del agua negra,

los pétalos arrancados de mis labios;

conseguirte un lecho de pámpanos

que brotan a latidos por esta regadera

que plantaste en mi pecho.

mujer-arbol

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